♪Let me take you down,cos' I'm going to Strawberry Fields...Nothing is real...And nothing to get hung about...Strawberry Fields Forever♫

domingo, 15 de enero de 2012

Aviso

Minna ohayo. Como habréis podido apreciar si estáis leyendo esto y ya os habéis pasado por aquí antes, he cambiado el diseño del blog. Pero es por tiempo limitado.
Llevo mucho tiempo queriendo hacerlo, pero no encontraba ningún diseño que me convenciera y los que hacía yo no me parecían lo bastante buenos, así que el tiempo ha ido pasando y esa birria que tenía por dibujo principal ha seguido allí. Ayer terminé de hartarme de ella y me apresuré a diseñar un modelo de página nuevo para el blog. Como ya he dicho antes, es provisional, mi manera de decir "el blog está en renovación"; no podía permitir por más tiempo que un dibujo tan cutre siguiera de principal. XD Por si os interesa saberlo, ese gatito que os está mirando fijamente y del que veis cientos de imágenes al fondo es Sakamoto, del anime Nichijou (el cual os recomiendo ver encarecidamente). Es uno de mis personajes favoritos (porque es el que siempre se lleva la peor parte de las bromas, pobre) y pensé que vendría bien para ocupar el layout transitorio. Otra actualización que he hecho ha sido poner un enlace a mi twitter (está debajo del icono de seguidores). Y, en cuanto termine de escribir esto, seguiré renovando.
¡Nos vemos!

domingo, 25 de diciembre de 2011

Anexo del fanfic "Cioccolato"

Antes de nada: ¡FELIZ NAVIDAD A TODOS! XD
La verdad es que quería publicar muchas cosas antes de colgar este artículo, y también quería reformar la cabecera del blog, pero la organización no es mi fuerte precisamente y al final he acabado subiendo esto antes que nada.
En fin, tal y como dije en el fanfic, he hecho dos dibujillos extra de Antonio y Lovino tal y como los describo en la historia para daros las gracias a todos aquellos que la habéis leído. Los he hecho con mi tableta gráfica mediante el programa "Corel Esentials 3", que todavía no manejo muy bien debido a mis escasos conocimientos sobre Photoshop y técnicas de coloreado en general. De estas últimas, me decanté por la acuarela porque es la única de que tengo un cierto dominio en la vida real y da un efecto muy suavecito; es difícil de manejar de cojones, pero queda bonito. ^^
(Nota al margen: el de Antonio lo subí el 25, y a Lovi le subo hoy, porque ayer no me dio tiempo a acabarlo...Quien haya visto esta página el 25 sabrá a qué me refiero :P)
Aquí los tenéis:

Antonio

Ay, Antoñito >W< Para colorear su abrigo intenté inspirarme en una imagen de los créditos del primer ending de Sekaiichi Hatsukoi, pero no me sirvió de mucho XD Quería hacerlos a ambos con un abrigo largo, y a él le tocó ser el primero en ser coloreado. Los dibujos los hice antes de terminar de escribir el fanfic, y la descripción de la bolsa la hice a partir de este dibujo. El lazo se lo hice como la bandera italiana porque me apeteció, por nada más, y por Lovi, por supuesto :P Para ser sincera, creo que Antonio me ha quedado bastante mal, el del anime tiene la parte de atrás del pelo como "con volumen" y es más corpulento... Disculpadme, tanto mi habilidad para dibujar personajes de series y mis recursos son limitados ;A;

Lovino


 Loviiiii :D Wiii! Tan mono él...Pero la verdad es que me ha salido fatal T.T
Creí que me saldría mejor que Antonio porque lo coloreé después y así ha sido en algunos aspectos (los brillitos del pelo los he hecho como los del anime y el fondo está un poco más logrado). Sin embargo, como está más lejos que Antonio, se le ve larguirucho y eso no me gusta DX Los problemas me surgieron ya desde el principio, cuando me di cuenta de que se me había olvidado pasar el dibujo a lápiz por la herramienta de autocorreción para que se viera con más nitidez. Lovino en el anime tiene el pelo de un tono rojizo, pero cuando se lo puse parecía directamente pelirrojo y al final opté por ponerle un tono más oscuro ><U Encima me hice un lío con la superposición de capas y el rulito apenas se ve D: En fin...Parece que al final no pudo resistirse a abrir la bolsa XD Entre sus brazos hay flotando un polvorón, por si alguien se lo pregunta.
Pues eso, que a pesar de que no estén lo que se dice demasiado logrados, espero que os haya gustado al menos un poco estos dos dibujitos tan tontos :3 Y os agradecería de verdad que me dejaseis un review, no cuesta nada y es fácil e indoloro XD
Y de nuevo, ¡Que paséis una feliz navidad!
PhoebeJunko~

martes, 13 de diciembre de 2011

Final del trayecto

-¿Se lo ha pasado bien en el transcurso de este recorrido? ¿Ha disfrutado de las vistas, señorita?
-Pues sí, claro.
-No la veo muy convencida, y lo cierto es que su ticket de embarque apenas parece auténtico, pero todos tienen derecho a montar.
-Muy cierto. Aunque algunos se los saltan a la torera, y otros ni son capaces de llegar. Y otros los gozan, otros los sufren, a otros les irritan...
-Cuánta razón tiene usted, señorita. ¿Sabe? Es muy interesante eso que ha dicho. Si no hubiese hablado tan poco, le habría dado conversación durante todo el viaje.
-¿Sí? Es una lástima.
-En fin, no nos demoremos. Hasta pronto, señorita, y vuelva cuando quiera.
-Es una broma, ¿verdad?
-Claro que sí. Adiós, suerte en la próxima.
-Adiós...

lunes, 12 de diciembre de 2011

Quince


Esto lo escribí a veinte días del 14 de Diciembre, primero en el metro y luego en la cama antes de irme a dormir. Espero que me entendáis.

Faltan veinte días.
Recuerdo que al principio del todo me costaba asumirlo, o simplemente se me olvidaba en cuanto la gente me preguntaba cuántos años tenía.
También recuerdo que el día que los cumplí me parecieron una maldición, la entrada a algo para lo que no estaba preparada ni tenía ganas. Pero en el fondo me daba igual, porque era como si no estuviesen y no los consideraba míos.
Sin embargo, con el tiempo empecé a cogerles cariño, e incluso llegué a sentirme orgullosa por poder contestar con aquella cifra cuando me preguntaban por mi edad. Me gustaba el sonido del número, y todas las maneras de las que podía interpretarse. Bastante pequeña en comparación con unos. Demasiado mayor en comparación con otros. No recuerdo haber conocido a nadie que acertase a la primera con ellos, pero sí a muchos que pensaban que no los aparentaba.
Y ahora, siento que ya no están hechos para mí. Se me están desprendiendo, como una muda de piel que ya es demasiado vieja. Son una parada que he de dejar atrás, y a la que recordaré con nostalgia mientras sigo adelante sabiendo que ya nunca más podré regresar a ella.
Hay gente que ya se encuentra en una edad a la que se asisten a más entierros que nacimientos. Yo todavía me encuentro afortunadamente lejos de ella, pero tengo la sensación de que me ocurre algo parecido, aunque no sea en absoluto equiparable. A lo largo de este año he visto a mucha gente perderlos, despedirse de ellos y decirles hola a los dieciséis. Algunos con satisfacción, otros con resignación. Y también tengo muy claro que perteneceré a los segundos.
He descubierto que no me gusta crecer. De hecho,ahora detesto crecer. Hay ratos en los que pienso en ello y me regodeo con la idea. Pero rápidamente vuelvo a mi opinión inicial y me hundo en la frustación. Porque aún soy como una niña, y cumplir años es equivalente a que te quiten ese juguete que tanto te apoya en tu día a día de la infancia y hace que todos comenten lo adorable que eres.
Pero, a pesar de todo, no he de sentirme mal. Ni triste, ni apenada, ni afectada. He de sentirme feliz.
Fueron una piel aceptable, con las escamas quebradizas en algunos puntos y un color un tanto soso, pero así la próxima saldrá mejor. Seré una serpiente débil y vulnerable hasta entonces, con la piel sensible y blandita, pero valdrá la pena esperar. Y, de las paradas de tren que he recorrido hasta ahora, me ha resultado una de las más interesantes y peculiares. El trayecto se me ha hecho interminable, pero al final no lo era, y ya casi ha llegado a su fin. Debería haber disfrutado un poco más con las vistas, y haberme sentido agradecida por las condiciones del vagón; ahora me arrepiento profundamente de no haberlo hecho. En este próximo recorrido procuraré ir todo el rato con la nariz pegada a la ventana, y no despegaré los ojos del cristal.
Sigue gustándome su sonido.
Quince, quince, quince.
Es inútil que trate de retenerlos. Se me escurren entre los dedos como la arena de un reloj. Y no los dejaré marchar, ellos se irán lo quiera o no. Así que debo aceptarlo, no hay más remedio. Si se cumplen unos años, significa que has cumplido todos los anteriores. Si se llega a una edad, significa que has atravesado todas las demás. Si mueres, es que has vivido.
Me imaginaré los dieciséis como una tela carente de costuras, un traje que tengo que confeccionar a mi medida. Le zurciré el cuello, le abullonaré las mangas, le coseré los bajos, lo remataré con ribetes, le daré pespuntes, y si no me gusta (cosa probable, porque tal como lo he descrito debe de quedar horrible), lo descoseré y volveré a empezar. Cortaré el hilo sobrante, y observaré con ojo crítico cómo me ha quedado.
Tengo todos los materiales que quiera para hacerlo, pero me falta patrón. Habrá que ir improvisando, o irá saliendo sobre la marcha, a veces con sorprendente facilidad, otras con irritante dificultad. Y valdrá la pena.
De momento no hay nada planificado ni predeterminado, sólo ideas vagas. ¿Cómo quedará?
Quién sabe.
Lo único seguro es que, cuando llegue el momento, me encontraré impaciente por empezar.

jueves, 24 de noviembre de 2011

Tres cosas que decir

Tengo tres cosas que decir:
-Una: soy una persona de lo más despreciable por no saber mantenerme en marcha.
-Dos: no saber mantenerse en marcha, y más haciendo lo que te gusta, es equivamente a no saber vivir. Así que voy a hacer que eso cambie. Ya.
-Tercera: intentaré que esta desidia que me ha estado carcomiendo tantos meses desaparezca de una vez de mi vida (y si no quiere, la echaré a patadas) y trataré de emplearla como lección acerca del tiempo, que es lo más fácil de perder y lo que nunca puedes recuperar.
Un saludo a todos los que de vez en cuando se pasan por aquí a comprobar que sigo viva.

sábado, 17 de septiembre de 2011

Error

¿De verdad crees que hiciste bien?
Evidentemente no, lo veo en tus ojos llenos de ira.
Es curioso cómo la alegría puede transformarse en envidia
Y el afecto más sincero en el odio más candente.
Tus sentimientos te recorren y abrasan tu interior, recorriéndote como un león en llamas.
El más fuerte de ellos es el arrepentimiento
por haber cometido ese estúpido error,
una mala acción contra ti misma.
Porque realmente no te importaría en absoluto que le pasase algo malo
a esa persona en la que piensas todo el rato y hacia la que proyectas tus malos sentimientos.
A primera vista podría parecer un reflejo de ti misma
pero pasaste por alto un pequeño detalle: para los ojos de los demás resulta mejor.
Sus adentros son mucho más pobres que los tuyos,
pero su exterior es más dulce y atrayente y eso es lo que cuenta, ¿o no?
Permitiste que la mitad alternativa pasase a convertirse en una igual
y como no lo impediste, ahora asume tu papel con un mohín encantador.
¿Qué pensaste que todo esto te iba a reportar?
Tal vez muchas cosas, pero desde luego no felicidad.
Sin embargo, yo te recomiendo que lo dejes pasar: lo hecho hecho está
y tanto tu cuerpo como tu alma ya están demasiado llenos de ira
como para conseguir volver al tranquilo equilibrio inicial.
Pero no los ates con cadenas.
Tampoco puedes poner ninguna trampa que les impida liberarse.

Escrito hacia la medianoche del martes 13, después de darle muchas vueltas, y con un bolígrafo de tinta rosa chillona.

domingo, 11 de septiembre de 2011

Colegio.

Lo echo tanto de menos.
Echo de menos la clase, y los pupitres que solía pintarrajear, y la pizarra que solía ensuciar por la mañana al venir de la biblioteca, y asomarme por la ventana y ver la calle. A veces estaba atestada de coches y gente apelotonada en las aceras, otras totalmente vacía.
Echo de menos las escaleras de mármol que tantas veces bajé y subí con desgana, y el trozo de tierra que solía mirar al bajar por la rampa hasta el patio, y el patio mismo, enorme y gris, dividido en dos por una alambrada que empezaron siendo dos puertas en medio de la nada, y luego vinieron los tejadillos, y los refuerzos de hierro verde en todos los tramos por los que había que andar.
Echo de menos esperar para entrar en el comedor, y coger una hoja y olerla y perfumarme las manos con ella, y también arrancar trozos de lavanda en verano, y ver cómo los bultitos verdes de las plantas se convertían en flores.
Echo de menos los días lluviosos en los que todo olía a tierra mojada, y terminar de comer y sentir a veces aprensión en el estómago porque hay que volver al patio a mojarse sólo porque se supone que un tejado de tres metros de alto protege de la lluvia. Ver la arena de los pequeños empapada en las épocas frías e irradiando calor en verano.
Echo de menos esas instalaciones bienintencionadas que me parecían ridículas, y pensar "qué mal se gastan los organizadores de este colegio el presupuesto", y luego disculparme interiormente por meterme donde no me llaman.
Las clases interminables y los recreos gorroneando comida mientras me relajaba o alteraba escuchando tonterías. El roce áspero del suelo del patio, y sacudirme el polvillo que se me adhería a los calcetines y al trasero. Arremangarme la falda del uniforme y disimularlo con el jersey en verano, cuando hacía demasiado calor como para llevar el polo metido por dentro. Escuchar las reprimendas por raspar los zapatos y darles betún una y otra vez.
Agobiarme por los exámenes y encontrar el hecho de hacer chuletas como única escapatoria posible, y el orgullo de saber pasar desapercibida cuando copiaba y la culpabilidad por no jugar limpio.
Llegar a casa por las tardes y merendar galletas con leche viendo la tele o leyendo. Dormirme mientras pienso lo lenta o rápida que se puede pasar a veces la semana.
Levantarme por la mañana, y vuelta a empezar.
Quedarme esperando al inicio de las clases en la biblioteca mirando los dibujos de sus paredes, y viendo de reojo su escaso inventario antes de subir al aula. Ver cómo la clase se va llenando poco a poco... Y de nuevo la rutina de siempre, una y otra vez, una y otra vez.
Hay cosas a las que no cogí mucho cariño, pero que recuerdo igual. El patio de los de primaria, pequeño como él solo, y ver el antiguo comedor antes de llegar a la sala de usos múltiples, y que luego ya no tuviésemos que bajar a ésta porque en la clase nos instalaron un proyector. Los baños que poblaban las esquinas de cada planta y que nunca estaban abiertos. Las salas de arriba, unas llenas de ordenadores birriosos o nuevos, otras haciendo la función de almacén, y a veces visitar la de física.
Y no sé... Estar ahí cada día, durante cuatro cursos enteros, nueve meses de cada año.
La piedra no recuerda, pero las personas que la han visto, la han tocado, la han sentido, han pasado por ella, sí.
Echo de menos mi colegio.
Y mañana empiezo bachillerato en un nuevo instituto.