♪Let me take you down,cos' I'm going to Strawberry Fields...Nothing is real...And nothing to get hung about...Strawberry Fields Forever♫
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domingo, 8 de abril de 2012

Lluvia

Subo este ejercicio aleatorio de escritura por mantener el blog un poco al día, y por motivarme a publicar entradas que tengo pendientes. Espero que os guste. El dibujo es mío.


Está lloviendo dentro de mis ojos.
No espero que lo comprendas, no hay posibilidad alguna de que los tuyos lo hagan nunca.
A veces te miro y veo que están inundados de lágrimas que se deslizan por tu rostro y que, o bien dejas caer a la tierra, o bien te secas con la manga de tu traje de seda.
Pero lo mío es distinto.
Esta tristeza no puede salir. Está dentro de mí, atormentándome desde tiempos inmemoriales, y se niega a abandonarme.
No sé si hay algún remedio para esto. Es cierto que, cuando me envuelves con tus brazos, siento que la opresión en mi pecho se desvanece, y cuando te devuelvo el contacto, la lluvia amaina y en mi interior sólo habita la paz.
Y, en cuanto te vas, vuelve con fuerzas redobladas y sólo puedo encogerme y soportarlo en silencio.
En esas largas temporadas que pasas fuera, el cielo se nubla y lanza resplandores que amenazan con descargar lluvia.
¿Tendrán pesar también las nubes, pues? Me siento bajo ese árbol y bajo la protección de sus ramas milenarias observo las gotas de lluvia fundirse con la tierra en silencio. ¿Es un lloro lo que veo entonces? A veces es tan fuerte que sisea, y no sé si interpretarlo como un sonido rabioso o uno triste. De todos modos, me da la sensación de que me acompaña, y me serena.
Algún día subiré a las nubes y haré que me cuenten su secreto para liberarse, cómo no se guardan las penas dentro. Sé que yo solo no puedo averiguarlo.
Tú también me ayudarás, ¿verdad?

Escrito y dibujo realizados el 8 de abril de 2012, con música de Hetalia. Podría decirse que esto está narrado por Japón y la persona a la que se dirige es China...

martes, 20 de marzo de 2012

Quos sunt nos?


No somos más que la piedra que han engastado en un anillo,
el relieve que han tallado en una madera,
la imagen que han repujado en un cuero,
la vida que han infundido a un autómata.
Y nos encajamos en el mundo con la ferocidad de avalanchas de roca,
dejamos la misma impronta que una placa empapada en ponzoñosa tinta,
creemos que aquello en lo que nos han grabado ha de quedar teñido en oro,
y nos movemos todos a una por la creación dejando una estela de lo contrario a ella por nuestro paso.

Escrito el 18 de Marzo de 2012 por la mañana, en un hotel de Barcelona y a lápiz en un cuaderno con hojas para pintar en pastel.
Imagen del Mundodisco de Terry Pratchett realizada por Paul Kidby.

sábado, 3 de marzo de 2012

¿Felicidad?


Ese sentimiento.
A veces me hincha el pecho como si estuviera tomando aire, pero la sensación es mucho más agradable, como si algo chispease en mi interior. Si fuera una sustancia o un fluido, en base a mi imaginación sería dorado o cobrizo brillante, como una mezcla de polen y miel. Y su textura sería similar a la de los destellos de polvo que aparecen al ver la luz a través de una ventana.

No viene cuando yo se lo pido, ni tan siquiera cuando lo necesito. Simplemente, aflora de pronto, y me recorre traviesamente, como diciendo: "Estás contenta, ¿verdad?". Del mismo modo que un gatito se acurruca en tus rodillas y deja escapar un suave maullido.

Al menos sé lo que lo causa. Todas las cosas que me gustan y motivan a estar viva se arremolinan en mi cerebro, y bajan al resto del cuerpo. Una vez hecho el descenso, se esparcen por él como un líquido vertiéndose dentro de un recipiente. Es fantástico.

Ya he dicho que me lo imagino como polen mezclado con miel. ¿Cómo serían el resto de sentimientos, entonces? La ternura serían pastillas de malvavisco y fresa con forma de corazón disueltas en caramelo. La risa sería más bien como una campana repiqueteando sujeta a la úvula. El odio, un potaje espeso, de tonos verdes y negruzcos, supurando espuma gris y dejando escapar vapores desagradables. La tristeza, un líquido azul semejante a un jarabe, servido en una copa de helado transparente y alta, que se bebe con facilidad pero incómodamente y que llora en tu vientre como llueve en una ciudad denigrada donde nadie tiene paraguas. Y la tranquilidad, una espuma de crema y nata con trazas de frambuesa y pomelo, que invita a meter el dedo en ella y a soltar un "hummm" complacido después de chupártelo.

Todas estas ideas se han formado en mi mente gracias a cosas que me hicieron feliz mientras era partícipe suya. Cosas que, de un modo u otro, me dieron algo impagable y ahora son parte de mí. Me siento muy afortunada por haberlas encontrado y haber disfrutado de ellas. Así pues, ¿Puede ser esto gratitud, tal vez?
Sí,en parte sí. Pero también hay algo más.

Ese algo más es lo que nos pasamos toda la vida buscando. Sin embargo, no creo que sea cuestión de localizarlo e intentar alargarlo el máximo tiempo posible, sino de abrazarlo cuando pasa y que cuando se vaya nos quedemos pacientemente esperando a que regrese.

A veces, también me aletea en el pecho. Aunque considero que sería injusto compararlo con una mariposa, que sólo vive unas horas. Sé que esto estará oculto y viviendo dentro de mí siempre.

viernes, 3 de febrero de 2012

Estrés



Sólo hay disponible una palabra para definir mi estado de ánimo: Estrés. ¡Estrés, estrés y más estrés!
Llevo ya así una temporadita, y al principio no tenía ningún motivo concreto, simplemente me sentía inusualmente hiperactiva y no podía estarme quieta ni un segundo. Sin embargo, ahora que tengo una razón fundamentada estoy que no puedo con mi alma; quiero echarme a rodar por el suelo de mi cuarto cual croqueta en sartén -creo que en estos momentos soy perfectamente comparable- y no parar hasta chocar contra algo, y ojalá ese algo sea una estantería, porque así lo que contenga se me caerá encima, con un poco de suerte me dará en la cabeza y así podré olvidarme un momento de todo esto...

El motivo de tanto nerviosismo es, como no podría ser de muchas otras formas, el dinero. Más bien, el posible dinero que puedo ganar a costa de los dos concursos literarios en los que voy a participar en breve.

El primer concurso se celebra en la localidad de una amiga, que es una zona bastante popular por ser de gente bien, y el premio estándar del concurso son 600 euros; sin embargo, hay que vivir por ahí para aspirar a él, así que ya puedo irme despidiendo. De todos modos, el premio correspondiente a mi categoría -la joven- es de nada más y nada menos que de 150 euros. Como ya os conté en mi entrada "¡¡He ganado!!", el año pasado conseguí quedar primera, y me llevé dicha suma tan felizmente (la cual, por cierto, aún no he invertido en nada... Sigue en el banco, a la espera de que dé cuenta de ella).

El segundo concurso lo celebra mi propio colegio, que, al ser privado, ofrece al ganador del concurso literario de este año la cantidad de 120 euros, y el segundo premio son 100. No está mal, ¿eh?

Si habéis leído hasta aquí ya habréis deducido que mi estrés se debe a la elaboración de las historias que presentaré para probar suerte. Con un poco de ídem, si logro ganar los dos concursos me llevaré nada más y nada menos que 370 euros. Mi familia es de clase media y no suelo recibir paga normalmente, así que imaginaos todo lo que podría comprarme con toda esa pasta: la colección completa de los libros de aprender a dibujar del Vip's, esas prendas de ropa que me hacen llorar al verles el precio, un caballete, un yate...No, eso ya no XD

Aún estoy haciendo las historias que voy a presentar, que colgaré tanto si gano como si no. Los resultados de ambos concursos salen en un par de meses, así que tendré que esperar un poco para saber si ha habido suerte. ¡Qué horror!

Por cierto, la imagen que encabeza este artículo es un fotograma de la última actuación en directo de las Girl's Generation, en el show de David Letterman, en Nueva York (se han hecho muchas parodias de este programa, seguro que lo conocéis o al menos os suena), interpretando la canción que da nombre a su nuevo álbum, The Boys. A mí personalmente no me gusta mucho, pero su tono es tan estridente como me noto yo por dentro estos días y se encuentra entre las cosas que me pululan en estos momentos por la mente, así que encaja perfecto. Podéis ver el vídeo que yo vi haciendo click aquí .
Yuuuuurgh...¡No soy más que un hervidero de nervios! Qué duro es ser joven y tener expectativas...

Escrito escuchando remix de Robotaki para "Visual Dreams" y "Show!Show!Show!", ambas canciones de las Girls' Generation. Si os lo estáis preguntando, sí, encajan con mi estado de ánimo.

martes, 13 de diciembre de 2011

Final del trayecto

-¿Se lo ha pasado bien en el transcurso de este recorrido? ¿Ha disfrutado de las vistas, señorita?
-Pues sí, claro.
-No la veo muy convencida, y lo cierto es que su ticket de embarque apenas parece auténtico, pero todos tienen derecho a montar.
-Muy cierto. Aunque algunos se los saltan a la torera, y otros ni son capaces de llegar. Y otros los gozan, otros los sufren, a otros les irritan...
-Cuánta razón tiene usted, señorita. ¿Sabe? Es muy interesante eso que ha dicho. Si no hubiese hablado tan poco, le habría dado conversación durante todo el viaje.
-¿Sí? Es una lástima.
-En fin, no nos demoremos. Hasta pronto, señorita, y vuelva cuando quiera.
-Es una broma, ¿verdad?
-Claro que sí. Adiós, suerte en la próxima.
-Adiós...

lunes, 12 de diciembre de 2011

Quince


Esto lo escribí a veinte días del 14 de Diciembre, primero en el metro y luego en la cama antes de irme a dormir. Espero que me entendáis.

Faltan veinte días.
Recuerdo que al principio del todo me costaba asumirlo, o simplemente se me olvidaba en cuanto la gente me preguntaba cuántos años tenía.
También recuerdo que el día que los cumplí me parecieron una maldición, la entrada a algo para lo que no estaba preparada ni tenía ganas. Pero en el fondo me daba igual, porque era como si no estuviesen y no los consideraba míos.
Sin embargo, con el tiempo empecé a cogerles cariño, e incluso llegué a sentirme orgullosa por poder contestar con aquella cifra cuando me preguntaban por mi edad. Me gustaba el sonido del número, y todas las maneras de las que podía interpretarse. Bastante pequeña en comparación con unos. Demasiado mayor en comparación con otros. No recuerdo haber conocido a nadie que acertase a la primera con ellos, pero sí a muchos que pensaban que no los aparentaba.
Y ahora, siento que ya no están hechos para mí. Se me están desprendiendo, como una muda de piel que ya es demasiado vieja. Son una parada que he de dejar atrás, y a la que recordaré con nostalgia mientras sigo adelante sabiendo que ya nunca más podré regresar a ella.
Hay gente que ya se encuentra en una edad a la que se asisten a más entierros que nacimientos. Yo todavía me encuentro afortunadamente lejos de ella, pero tengo la sensación de que me ocurre algo parecido, aunque no sea en absoluto equiparable. A lo largo de este año he visto a mucha gente perderlos, despedirse de ellos y decirles hola a los dieciséis. Algunos con satisfacción, otros con resignación. Y también tengo muy claro que perteneceré a los segundos.
He descubierto que no me gusta crecer. De hecho,ahora detesto crecer. Hay ratos en los que pienso en ello y me regodeo con la idea. Pero rápidamente vuelvo a mi opinión inicial y me hundo en la frustación. Porque aún soy como una niña, y cumplir años es equivalente a que te quiten ese juguete que tanto te apoya en tu día a día de la infancia y hace que todos comenten lo adorable que eres.
Pero, a pesar de todo, no he de sentirme mal. Ni triste, ni apenada, ni afectada. He de sentirme feliz.
Fueron una piel aceptable, con las escamas quebradizas en algunos puntos y un color un tanto soso, pero así la próxima saldrá mejor. Seré una serpiente débil y vulnerable hasta entonces, con la piel sensible y blandita, pero valdrá la pena esperar. Y, de las paradas de tren que he recorrido hasta ahora, me ha resultado una de las más interesantes y peculiares. El trayecto se me ha hecho interminable, pero al final no lo era, y ya casi ha llegado a su fin. Debería haber disfrutado un poco más con las vistas, y haberme sentido agradecida por las condiciones del vagón; ahora me arrepiento profundamente de no haberlo hecho. En este próximo recorrido procuraré ir todo el rato con la nariz pegada a la ventana, y no despegaré los ojos del cristal.
Sigue gustándome su sonido.
Quince, quince, quince.
Es inútil que trate de retenerlos. Se me escurren entre los dedos como la arena de un reloj. Y no los dejaré marchar, ellos se irán lo quiera o no. Así que debo aceptarlo, no hay más remedio. Si se cumplen unos años, significa que has cumplido todos los anteriores. Si se llega a una edad, significa que has atravesado todas las demás. Si mueres, es que has vivido.
Me imaginaré los dieciséis como una tela carente de costuras, un traje que tengo que confeccionar a mi medida. Le zurciré el cuello, le abullonaré las mangas, le coseré los bajos, lo remataré con ribetes, le daré pespuntes, y si no me gusta (cosa probable, porque tal como lo he descrito debe de quedar horrible), lo descoseré y volveré a empezar. Cortaré el hilo sobrante, y observaré con ojo crítico cómo me ha quedado.
Tengo todos los materiales que quiera para hacerlo, pero me falta patrón. Habrá que ir improvisando, o irá saliendo sobre la marcha, a veces con sorprendente facilidad, otras con irritante dificultad. Y valdrá la pena.
De momento no hay nada planificado ni predeterminado, sólo ideas vagas. ¿Cómo quedará?
Quién sabe.
Lo único seguro es que, cuando llegue el momento, me encontraré impaciente por empezar.

sábado, 17 de septiembre de 2011

Error

¿De verdad crees que hiciste bien?
Evidentemente no, lo veo en tus ojos llenos de ira.
Es curioso cómo la alegría puede transformarse en envidia
Y el afecto más sincero en el odio más candente.
Tus sentimientos te recorren y abrasan tu interior, recorriéndote como un león en llamas.
El más fuerte de ellos es el arrepentimiento
por haber cometido ese estúpido error,
una mala acción contra ti misma.
Porque realmente no te importaría en absoluto que le pasase algo malo
a esa persona en la que piensas todo el rato y hacia la que proyectas tus malos sentimientos.
A primera vista podría parecer un reflejo de ti misma
pero pasaste por alto un pequeño detalle: para los ojos de los demás resulta mejor.
Sus adentros son mucho más pobres que los tuyos,
pero su exterior es más dulce y atrayente y eso es lo que cuenta, ¿o no?
Permitiste que la mitad alternativa pasase a convertirse en una igual
y como no lo impediste, ahora asume tu papel con un mohín encantador.
¿Qué pensaste que todo esto te iba a reportar?
Tal vez muchas cosas, pero desde luego no felicidad.
Sin embargo, yo te recomiendo que lo dejes pasar: lo hecho hecho está
y tanto tu cuerpo como tu alma ya están demasiado llenos de ira
como para conseguir volver al tranquilo equilibrio inicial.
Pero no los ates con cadenas.
Tampoco puedes poner ninguna trampa que les impida liberarse.

Escrito hacia la medianoche del martes 13, después de darle muchas vueltas, y con un bolígrafo de tinta rosa chillona.

domingo, 11 de septiembre de 2011

Colegio.

Lo echo tanto de menos.
Echo de menos la clase, y los pupitres que solía pintarrajear, y la pizarra que solía ensuciar por la mañana al venir de la biblioteca, y asomarme por la ventana y ver la calle. A veces estaba atestada de coches y gente apelotonada en las aceras, otras totalmente vacía.
Echo de menos las escaleras de mármol que tantas veces bajé y subí con desgana, y el trozo de tierra que solía mirar al bajar por la rampa hasta el patio, y el patio mismo, enorme y gris, dividido en dos por una alambrada que empezaron siendo dos puertas en medio de la nada, y luego vinieron los tejadillos, y los refuerzos de hierro verde en todos los tramos por los que había que andar.
Echo de menos esperar para entrar en el comedor, y coger una hoja y olerla y perfumarme las manos con ella, y también arrancar trozos de lavanda en verano, y ver cómo los bultitos verdes de las plantas se convertían en flores.
Echo de menos los días lluviosos en los que todo olía a tierra mojada, y terminar de comer y sentir a veces aprensión en el estómago porque hay que volver al patio a mojarse sólo porque se supone que un tejado de tres metros de alto protege de la lluvia. Ver la arena de los pequeños empapada en las épocas frías e irradiando calor en verano.
Echo de menos esas instalaciones bienintencionadas que me parecían ridículas, y pensar "qué mal se gastan los organizadores de este colegio el presupuesto", y luego disculparme interiormente por meterme donde no me llaman.
Las clases interminables y los recreos gorroneando comida mientras me relajaba o alteraba escuchando tonterías. El roce áspero del suelo del patio, y sacudirme el polvillo que se me adhería a los calcetines y al trasero. Arremangarme la falda del uniforme y disimularlo con el jersey en verano, cuando hacía demasiado calor como para llevar el polo metido por dentro. Escuchar las reprimendas por raspar los zapatos y darles betún una y otra vez.
Agobiarme por los exámenes y encontrar el hecho de hacer chuletas como única escapatoria posible, y el orgullo de saber pasar desapercibida cuando copiaba y la culpabilidad por no jugar limpio.
Llegar a casa por las tardes y merendar galletas con leche viendo la tele o leyendo. Dormirme mientras pienso lo lenta o rápida que se puede pasar a veces la semana.
Levantarme por la mañana, y vuelta a empezar.
Quedarme esperando al inicio de las clases en la biblioteca mirando los dibujos de sus paredes, y viendo de reojo su escaso inventario antes de subir al aula. Ver cómo la clase se va llenando poco a poco... Y de nuevo la rutina de siempre, una y otra vez, una y otra vez.
Hay cosas a las que no cogí mucho cariño, pero que recuerdo igual. El patio de los de primaria, pequeño como él solo, y ver el antiguo comedor antes de llegar a la sala de usos múltiples, y que luego ya no tuviésemos que bajar a ésta porque en la clase nos instalaron un proyector. Los baños que poblaban las esquinas de cada planta y que nunca estaban abiertos. Las salas de arriba, unas llenas de ordenadores birriosos o nuevos, otras haciendo la función de almacén, y a veces visitar la de física.
Y no sé... Estar ahí cada día, durante cuatro cursos enteros, nueve meses de cada año.
La piedra no recuerda, pero las personas que la han visto, la han tocado, la han sentido, han pasado por ella, sí.
Echo de menos mi colegio.
Y mañana empiezo bachillerato en un nuevo instituto.

domingo, 17 de julio de 2011

Realidad


Os miro y me pregunto...
¿De verdad sois felices?
¿De verdad estáis siempre tan guapas y fantásticas?
¿De verdad lo afrontáis siempre todo con una sonrisa?
¿De verdad vivís en un mundo rosa lleno de cosas bonitas?
¿De verdad todo está hecho a vuestra medida?
¿De verdad es para vosotras todo perfecto?
¿De verdad creéis que todo esto durará para siempre?
No hay evidencias ni negaciones. Es un sitio cálido y acogedor, donde os crearon, os educaron, os enseñaron a desenvolveros y donde vivís para nosotros. Porque sabéis que nos gusta veros así.
Creo que es sólo una faceta de vosotras. Porque es imposible llegar a conocer de verdad a una persona tan sólo con verla a través de videoclips y entrevistas, por mucho que se diga. Porque mostrar vuestro lado malo no sería bueno para nadie.
Si tienes un talento, lo mejor que puedes hacer es sacarlo fuera y enseñarlo, hacer que los demás se sientan parte de él. Vosotras lo habéis hecho.
Y, al mostrarnos vuestras cosas buenas y compartirlas con nosotros, nos alegráis y hacéis felices. Conseguís sacarnos una sonrisa.
 Nos ayudáis a creer, por un maravilloso momento, que todo puede ser bonito y como nosotros queramos. Porque, en cierto modo, puede ser así realmente. Tal vez, no a vuestra manera, pero si nos esforzamos y luchamos, acabaremos consiguiendo nuestro propio mundo perfecto.
Para mí, eso es mucho más loable y valioso que tratar de familiarizaros de verdad con nosotros y desmentir esa ilusión ideal.
Y ése es el mayor motivo por el que os admiro.

miércoles, 22 de junio de 2011

Música


Le repiquetea en los oídos como cien martillos estroboscópicos, le hace moverse como si toda su energía se le hubiera concentrado en las caderas y los hombros, le hace decir cosas que ni siquiera sabe lo que significan, la envuelve en mil sonidos y le da seguridad.
También le hace imaginarse cosas para ella, esa melodía que parece no ir a cesar nunca, pero sus ideas sobre las diversas historias que podrían significar sus sonidos se le revuelven en la mente y se agitan al ritmo del frenesí que emana desde su reproductor de música hasta sus oídos.
A otra gente la canción podría resultarle insoportable, y ella lo entiende. Por eso la aísla en su interior con sus auriculares de música blancos, y deja que se agite y siga viviendo en su interior moviéndose a su energético compás.
Cuando llega el canon final, alza más la voz y se imagina que es ella la que se ha inventado esa música que debe de haber compartido tanta gente, que debe de haber alegrado el día a tantas personas, que le gusta tanto a ella.
Enmudece junto a la fuente de felicidad cuando ésta cesa.
Y espera a que, en su lista de reproducción, empiece la siguiente.

Escrito escuchando "Gee", de las Girls' Generation.
Imagen superior tomada de un fotograma del videoclip de las Girls' Generation "Snowy Wish".