Tengo tres cosas que decir:
-Una: soy una persona de lo más despreciable por no saber mantenerme en marcha.
-Dos: no saber mantenerse en marcha, y más haciendo lo que te gusta, es equivamente a no saber vivir. Así que voy a hacer que eso cambie. Ya.
-Tercera: intentaré que esta desidia que me ha estado carcomiendo tantos meses desaparezca de una vez de mi vida (y si no quiere, la echaré a patadas) y trataré de emplearla como lección acerca del tiempo, que es lo más fácil de perder y lo que nunca puedes recuperar.
Un saludo a todos los que de vez en cuando se pasan por aquí a comprobar que sigo viva.
jueves, 24 de noviembre de 2011
sábado, 17 de septiembre de 2011
Error
¿De verdad crees que hiciste bien?
Evidentemente no, lo veo en tus ojos llenos de ira.
Es curioso cómo la alegría puede transformarse en envidia
Y el afecto más sincero en el odio más candente.
Tus sentimientos te recorren y abrasan tu interior, recorriéndote como un león en llamas.
El más fuerte de ellos es el arrepentimiento
por haber cometido ese estúpido error,
una mala acción contra ti misma.
Porque realmente no te importaría en absoluto que le pasase algo malo
a esa persona en la que piensas todo el rato y hacia la que proyectas tus malos sentimientos.
A primera vista podría parecer un reflejo de ti misma
pero pasaste por alto un pequeño detalle: para los ojos de los demás resulta mejor.
Sus adentros son mucho más pobres que los tuyos,
pero su exterior es más dulce y atrayente y eso es lo que cuenta, ¿o no?
Permitiste que la mitad alternativa pasase a convertirse en una igual
y como no lo impediste, ahora asume tu papel con un mohín encantador.
¿Qué pensaste que todo esto te iba a reportar?
Tal vez muchas cosas, pero desde luego no felicidad.
Sin embargo, yo te recomiendo que lo dejes pasar: lo hecho hecho está
y tanto tu cuerpo como tu alma ya están demasiado llenos de ira
como para conseguir volver al tranquilo equilibrio inicial.
Pero no los ates con cadenas.
Tampoco puedes poner ninguna trampa que les impida liberarse.
Escrito hacia la medianoche del martes 13, después de darle muchas vueltas, y con un bolígrafo de tinta rosa chillona.
Escrito hacia la medianoche del martes 13, después de darle muchas vueltas, y con un bolígrafo de tinta rosa chillona.
domingo, 11 de septiembre de 2011
Colegio.
Lo echo tanto de menos.
Echo de menos la clase, y los pupitres que solía pintarrajear, y la pizarra que solía ensuciar por la mañana al venir de la biblioteca, y asomarme por la ventana y ver la calle. A veces estaba atestada de coches y gente apelotonada en las aceras, otras totalmente vacía.
Echo de menos las escaleras de mármol que tantas veces bajé y subí con desgana, y el trozo de tierra que solía mirar al bajar por la rampa hasta el patio, y el patio mismo, enorme y gris, dividido en dos por una alambrada que empezaron siendo dos puertas en medio de la nada, y luego vinieron los tejadillos, y los refuerzos de hierro verde en todos los tramos por los que había que andar.
Echo de menos esperar para entrar en el comedor, y coger una hoja y olerla y perfumarme las manos con ella, y también arrancar trozos de lavanda en verano, y ver cómo los bultitos verdes de las plantas se convertían en flores.
Echo de menos los días lluviosos en los que todo olía a tierra mojada, y terminar de comer y sentir a veces aprensión en el estómago porque hay que volver al patio a mojarse sólo porque se supone que un tejado de tres metros de alto protege de la lluvia. Ver la arena de los pequeños empapada en las épocas frías e irradiando calor en verano.
Echo de menos esas instalaciones bienintencionadas que me parecían ridículas, y pensar "qué mal se gastan los organizadores de este colegio el presupuesto", y luego disculparme interiormente por meterme donde no me llaman.
Las clases interminables y los recreos gorroneando comida mientras me relajaba o alteraba escuchando tonterías. El roce áspero del suelo del patio, y sacudirme el polvillo que se me adhería a los calcetines y al trasero. Arremangarme la falda del uniforme y disimularlo con el jersey en verano, cuando hacía demasiado calor como para llevar el polo metido por dentro. Escuchar las reprimendas por raspar los zapatos y darles betún una y otra vez.
Agobiarme por los exámenes y encontrar el hecho de hacer chuletas como única escapatoria posible, y el orgullo de saber pasar desapercibida cuando copiaba y la culpabilidad por no jugar limpio.
Llegar a casa por las tardes y merendar galletas con leche viendo la tele o leyendo. Dormirme mientras pienso lo lenta o rápida que se puede pasar a veces la semana.
Levantarme por la mañana, y vuelta a empezar.
Quedarme esperando al inicio de las clases en la biblioteca mirando los dibujos de sus paredes, y viendo de reojo su escaso inventario antes de subir al aula. Ver cómo la clase se va llenando poco a poco... Y de nuevo la rutina de siempre, una y otra vez, una y otra vez.
Hay cosas a las que no cogí mucho cariño, pero que recuerdo igual. El patio de los de primaria, pequeño como él solo, y ver el antiguo comedor antes de llegar a la sala de usos múltiples, y que luego ya no tuviésemos que bajar a ésta porque en la clase nos instalaron un proyector. Los baños que poblaban las esquinas de cada planta y que nunca estaban abiertos. Las salas de arriba, unas llenas de ordenadores birriosos o nuevos, otras haciendo la función de almacén, y a veces visitar la de física.
Y no sé... Estar ahí cada día, durante cuatro cursos enteros, nueve meses de cada año.
La piedra no recuerda, pero las personas que la han visto, la han tocado, la han sentido, han pasado por ella, sí.
Echo de menos mi colegio.
Y mañana empiezo bachillerato en un nuevo instituto.
Echo de menos la clase, y los pupitres que solía pintarrajear, y la pizarra que solía ensuciar por la mañana al venir de la biblioteca, y asomarme por la ventana y ver la calle. A veces estaba atestada de coches y gente apelotonada en las aceras, otras totalmente vacía.
Echo de menos las escaleras de mármol que tantas veces bajé y subí con desgana, y el trozo de tierra que solía mirar al bajar por la rampa hasta el patio, y el patio mismo, enorme y gris, dividido en dos por una alambrada que empezaron siendo dos puertas en medio de la nada, y luego vinieron los tejadillos, y los refuerzos de hierro verde en todos los tramos por los que había que andar.
Echo de menos esperar para entrar en el comedor, y coger una hoja y olerla y perfumarme las manos con ella, y también arrancar trozos de lavanda en verano, y ver cómo los bultitos verdes de las plantas se convertían en flores.
Echo de menos los días lluviosos en los que todo olía a tierra mojada, y terminar de comer y sentir a veces aprensión en el estómago porque hay que volver al patio a mojarse sólo porque se supone que un tejado de tres metros de alto protege de la lluvia. Ver la arena de los pequeños empapada en las épocas frías e irradiando calor en verano.
Echo de menos esas instalaciones bienintencionadas que me parecían ridículas, y pensar "qué mal se gastan los organizadores de este colegio el presupuesto", y luego disculparme interiormente por meterme donde no me llaman.
Las clases interminables y los recreos gorroneando comida mientras me relajaba o alteraba escuchando tonterías. El roce áspero del suelo del patio, y sacudirme el polvillo que se me adhería a los calcetines y al trasero. Arremangarme la falda del uniforme y disimularlo con el jersey en verano, cuando hacía demasiado calor como para llevar el polo metido por dentro. Escuchar las reprimendas por raspar los zapatos y darles betún una y otra vez.
Agobiarme por los exámenes y encontrar el hecho de hacer chuletas como única escapatoria posible, y el orgullo de saber pasar desapercibida cuando copiaba y la culpabilidad por no jugar limpio.
Llegar a casa por las tardes y merendar galletas con leche viendo la tele o leyendo. Dormirme mientras pienso lo lenta o rápida que se puede pasar a veces la semana.
Levantarme por la mañana, y vuelta a empezar.
Quedarme esperando al inicio de las clases en la biblioteca mirando los dibujos de sus paredes, y viendo de reojo su escaso inventario antes de subir al aula. Ver cómo la clase se va llenando poco a poco... Y de nuevo la rutina de siempre, una y otra vez, una y otra vez.
Hay cosas a las que no cogí mucho cariño, pero que recuerdo igual. El patio de los de primaria, pequeño como él solo, y ver el antiguo comedor antes de llegar a la sala de usos múltiples, y que luego ya no tuviésemos que bajar a ésta porque en la clase nos instalaron un proyector. Los baños que poblaban las esquinas de cada planta y que nunca estaban abiertos. Las salas de arriba, unas llenas de ordenadores birriosos o nuevos, otras haciendo la función de almacén, y a veces visitar la de física.
Y no sé... Estar ahí cada día, durante cuatro cursos enteros, nueve meses de cada año.
La piedra no recuerda, pero las personas que la han visto, la han tocado, la han sentido, han pasado por ella, sí.
Echo de menos mi colegio.
Y mañana empiezo bachillerato en un nuevo instituto.
lunes, 29 de agosto de 2011
Super 8
Hace aproximadamente unos veinte minutos que acabo de ver la película, así que creo que es un buen momento para escribir una crítica.
Sinopsis:
Fijaos en esta imagen que me encontré por Google buscando "super 8 Cary", hecha por alguien que seguramente pensaba lo mismo que yo:
Sinopsis:
La acción transurre en Ohio (Estados Unidos) en 1979. Cuatro meses después de perder a su madre por culpa de un accidente en la fábrica donde trabajaba, Joe se encuentra en una estación de tren rodando una película de zombies con sus amigos. Mientras se encuentra ayudando a grabar una escena, ve cómo un coche circula por los raíles y se estrella contra el tren en marcha; ambos vehículos estallan y los chicos corren a refugiarse. Consiguen salir ilesos y ver el contenido de los vagones: unos extraños cubos cuadrados de algo que se parece al metal. También ven a una terrorífica criatura que sale del vagón y se pierde en la distancia. Al acercarse a ver al conductor del coche descubren a su profesor de ciencias, quien, todavía vivo, amenaza con dispararles si no se van. Los niños se apresuran a huír a toda prisa en coche, consiguiendo escabullirse de las fuerzas aéreas, que se habían acercado a la zona para investigar el origen del súbito incendio.
A partir de entonces el pueblo de Joe y sus amigos se ve rodeado por las fuerzas militares, que empiezan a vigilar la zona y a buscar algo que se niegan a revelar al resto de los policías. Al mismo tiempo empiezan a sucederse una serie de fenómenos extraños: los perros se pierden para reaparecer algún tiempo después en estados diferentes del que habían partido, como si quisieran huir de él; las luces del pueblo empiezan a fallar constantemente, desembocando en apagones; y algunas personas desaparecen por la noche sin dejar rastro. Cuando entre ellas pasa a figurar Alice, una amiga de Joe, éste y sus amigos harán todo lo posible por encontrarla; todo parece tener relación con el entraño ente que vieron salir del vagón...
Valoración personal:
Tal vez la característica más destacable de esta película sea que uno de sus productores es Steven Spielberg(puede parecer que es el director, pero no: tanto el mérito del guión como la dirección de la película le corresponden a J.J.Abrams). Es evidente que al reparar en dicho nombre un montón de gente haya acudido a verla teniendo la seguridad de que va a encontrarse con una buena película. Y en mi opinión, así es: una ambientación interesante, una trama equilibrada y unos efectos especiales impecables que hace que se la pueda calificar de original, algo muy loable teniendo en cuenta que últimamente parece que ya está todo inventado.
Admito que a mí lo que más me ha llamado la atención y me ha gustado ha sido la estética, ya que me encanta el estilo de vestir y de decoración que había en aquella época (sobretodo el estadounidense), aunque tal vez esto contribuye a que sea una de esas películas en las que no te quedas con el nombre de ningún personaje y los nombras por sus características principales o su modo de ser: en este caso para mí han sido "el protagonista", "el gordo", "el de los brackets", "el de las gafas", "el moreno" y "la chica". Aprovecho la ocasión para decir que el chico "de los brackets" es interpretado por Ryan Lee y en el film se llama Cary (aunque como los dobladores no pronunciaban muy bien me pasé toda la película pensando que se llamaba Eric y no me di cuenta de mi error hasta que aparecieron los nombres en los créditos), y, en mi opinión, es una versión en persona real de Chester el de "Los Padrinos Mágicos". Vale, tal vez Cary tenga el pelo más largo, pero eso no quita que sea clavadito incluso en vestuario.
Fijaos en esta imagen que me encontré por Google buscando "super 8 Cary", hecha por alguien que seguramente pensaba lo mismo que yo:
![]() |
| Es exactamente igual... |
Bueno, aparte de Cary, sí que hay otro personaje cuyo nombre recuerdo (como para no hacerlo con la cantidad de veces que lo repite todo el mundo): Alice. No sé si su filtreo con Joe y su posterior captura por parte del alienígena forman parte del típico cliché que suelen sufrir todas las chicas de las películas de este tipo, pero, a diferencia de otras veces, no me ha disgustado. La actriz que la interpreta es muy buena, y su relación con Joe muy tierna. Uno de los puntos más entrañables de la película.
miércoles, 24 de agosto de 2011
Vacaciones en Roma
Hace tiempo leí en un wordpress que no merecía la pena disculparse por estar mucho tiempo sin publicar una entrada, ya que "no se trata de fingir que estamos en un sitio web importante y no un blog cutre", o algo parecido. Pero yo creo que no es así, me gusta publicar entradas y contar tonterías a gente que tal vez las lee, o tal vez no...
¡En fin...! Esta entrada es para contaros dónde he estado los primeros días de agosto y, tal como el título indica, pues en Italia, concretamente en Roma. (También es obvio que hace referencia a la famosa película de "Vacaciones en Roma", aunque eso no venga a cuento).
Qué puedo decir de Roma. Si hubiese una palabra que significase "apabullante", "preciosa" y "fantástica" a la vez, la usaría para describirla. (Quién sabe, quizá la haya. Pero si es así, yo no la conozco XP).
Obviamente, hice fotos, un montón de fotos. Bueno...Nada más llegar la cámara se nos perdió (vale, se me perdió) en el avión, y tuvimos que sustituirla por una Kodak que resultó tener una especie de virus en la tarjeta de memoria que "borraba" las fotos (lo único que dejaba de ellas era un fondo negro), con lo que encima también tuvimos que comprar una tarjeta nueva. No dejo de lamentarme por la pérdida de las fotos de la primera tarjeta, pero al menos todavía conservo las de la segunda.
No hice fotos sólo de monumentos. Toda cosa/ animal/ persona que me pareció interesante también fue fotografiado sin miramientos. En esta entrada las iré colgando todas, en cuanto las haya subido por completo al portátil.
Empecemos con el Vaticano:
Bueno...De momento, sólo eso. Iré actualizando según me dé.
¡En fin...! Esta entrada es para contaros dónde he estado los primeros días de agosto y, tal como el título indica, pues en Italia, concretamente en Roma. (También es obvio que hace referencia a la famosa película de "Vacaciones en Roma", aunque eso no venga a cuento).
Qué puedo decir de Roma. Si hubiese una palabra que significase "apabullante", "preciosa" y "fantástica" a la vez, la usaría para describirla. (Quién sabe, quizá la haya. Pero si es así, yo no la conozco XP).
Obviamente, hice fotos, un montón de fotos. Bueno...Nada más llegar la cámara se nos perdió (vale, se me perdió) en el avión, y tuvimos que sustituirla por una Kodak que resultó tener una especie de virus en la tarjeta de memoria que "borraba" las fotos (lo único que dejaba de ellas era un fondo negro), con lo que encima también tuvimos que comprar una tarjeta nueva. No dejo de lamentarme por la pérdida de las fotos de la primera tarjeta, pero al menos todavía conservo las de la segunda.
No hice fotos sólo de monumentos. Toda cosa/ animal/ persona que me pareció interesante también fue fotografiado sin miramientos. En esta entrada las iré colgando todas, en cuanto las haya subido por completo al portátil.
Empecemos con el Vaticano:
lunes, 18 de julio de 2011
Harry Potter y las Reliquias de la Muerte 2ª parte
Hace ya varios años, en 1997, J.K. Rowling consiguió que le editaran el inicio de una saga que ha conquistado a varios millones de lectores por todo el mundo (haciendo forrarse a su autora con cada nuevo libro, cómo no decirlo) y que ha constado en total de siete novelas que posteriormente han sido adaptadas a película. El pasado viernes 15, la última de ellas, Harry Potter y las Reliquias de la Muerte 2ª parte, fue estrenada en el cine y puso punto final a la serie tanto en libros como a filmes se refiere, ya que éstos primeros fueron terminados bastante antes de la finalización de los segundos. Sin embargo, mucha gente dice que no le ha causado la misma impresión que la novela en la que está basada. Conviene hacer una crítica, pues.
Para empezar, la película arranca desde donde terminó la 1ª parte: con Voldemort apoderándose de la Varita de Saúco y lanzando un relámpago al cielo con ella. Nada indica que el ritmo vaya a variar con respecto a la anterior. Sin embargo, nos percatamos de este error cuando, ya en el cine y con la caja de palomitas en la mano, desviamos nuestros pensamientos para cavilar sobre nuestros asuntos personales, como tener que ir a hacer la compra o sacar a pasear después al perro, y al devolver nuestra atención a la gran pantalla, nos damos cuenta de que nos hemos perdido por completo. Es la octava y última película, y como tal, se han asegurado de hacerla de un modo que requiera por completo la atención del espectador y que no permita distraerse ni un segundo. Ay de ti como tengas que ir al baño...
Una de las cosas que incitan a atender todo el rato es el ritmo vertiginoso que siguen los acontecimientos: si bien se muestran escenas que no aparecen en el libro y que contribuyen a dotar a la cinta de una increíble animación visual, también se echan en falta ciertos planos que debieron considerarse innecesarios en su momento y que fueron suprimidos, pero que no hubiera estado de más haber conservado. Mientras que la primera parte demostraba estar más dirigida a los lectores que a los espectadores por la aparición repentina de hechos y personajes que estaban presentes en los libros y que se había optado por no mostrar en las películas hasta entonces (la aparición de Dobby desde la segunda película, el casamiento de Bill, uno de los hermanos mayores de Ron, con Fleur Delacour, una de las participantes del torneo del Cáliz de Fuego, así como el matrimonio de Lupin y Tonks), en la segunda parte esto sigue en cierto modo vigente, pero por la falta de explicaciones y el racionamiento de diálogos; es como si se diese todo por sabido. No obstante, eso no impide que la película esté a la altura de sus antecesoras, y compensa la recreación que mostró la anterior por los paisajes y la quietud en la mayoría de las escenas sustituyéndola por encarnizadas batallas y unos espectaculares efectos especiales.
Por otro lado, las incógnitas que se han mantenido a lo largo de toda la saga se desvelan por fin, y aunque apenas hay tiempo de pararse a pensar en ellas mientras se está viendo la película a causa de la concentración para no perder el hilo, cuando se hacen presentes van acompañadas de todo el impacto y la fuerza que cabría esperar. Como por ejemplo, la revelación del lado del que está Snape, cuya escena dejará boquiabierto a más de uno.
Cabe destacar también la magnífica capacidad de interpretación que los actores demuestran a lo largo del filme. Sin ir más lejos, el talento que denota Helena Bonham Carter (en el papel de Bellatrix Lestrange) al tener que hacerse pasar por otra persona completamente opuesta a ella en lo que personalidad y comportamiento se refiere (y que no voy a nombrar directamente por no hacer más spoiler), consiguiendo una actitud inocente que ni el maquillaje mortecino ni los pelos de loca logran desmentir. También Matthew Lewis (Neville Longbottom) juega un papel inusitadamente importante al ser uno de los factores decisivos que impulsan a los alumnos de Hogwarts a rebelarse y seguir adelante con su lucha contra el mal.
Tal vez lo que más flojee en este punto son las escenas románticas, cuyos besos dejan bastante que desear teniendo en cuenta las circunstancias en las que se desarrollan.
Y, ante todo, a pesar de las pocas palabras y las prisas por matarse entre magos blancos y mortífagos, toda la película despide un mismo componente: esa melancolía de que no habrá más entregas de Harry Potter, de que ese mundo de magia ha terminado, de que todo lo que queda reducido a escombros en la cinta también lo hace en cierto modo en la realidad: el encanto de las varitas, las escobas que sobrevuelan el campo de quidditch, Hogwarts y sus cientos de misterios...
Así finaliza la heptalogía de magia que ha cautivado a más de medio mundo y nos ha tenido en vilo tanto tiempo.
Adiós, Harry.
domingo, 17 de julio de 2011
Realidad
Os miro y me pregunto...
¿De verdad sois felices?
¿De verdad sois felices?
¿De verdad estáis siempre tan guapas y fantásticas?
¿De verdad lo afrontáis siempre todo con una sonrisa?
¿De verdad vivís en un mundo rosa lleno de cosas bonitas?
¿De verdad todo está hecho a vuestra medida?
¿De verdad es para vosotras todo perfecto?
¿De verdad creéis que todo esto durará para siempre?
No hay evidencias ni negaciones. Es un sitio cálido y acogedor, donde os crearon, os educaron, os enseñaron a desenvolveros y donde vivís para nosotros. Porque sabéis que nos gusta veros así.
Creo que es sólo una faceta de vosotras. Porque es imposible llegar a conocer de verdad a una persona tan sólo con verla a través de videoclips y entrevistas, por mucho que se diga. Porque mostrar vuestro lado malo no sería bueno para nadie.
Si tienes un talento, lo mejor que puedes hacer es sacarlo fuera y enseñarlo, hacer que los demás se sientan parte de él. Vosotras lo habéis hecho.
Y, al mostrarnos vuestras cosas buenas y compartirlas con nosotros, nos alegráis y hacéis felices. Conseguís sacarnos una sonrisa.
Nos ayudáis a creer, por un maravilloso momento, que todo puede ser bonito y como nosotros queramos. Porque, en cierto modo, puede ser así realmente. Tal vez, no a vuestra manera, pero si nos esforzamos y luchamos, acabaremos consiguiendo nuestro propio mundo perfecto.
Para mí, eso es mucho más loable y valioso que tratar de familiarizaros de verdad con nosotros y desmentir esa ilusión ideal.
Y ése es el mayor motivo por el que os admiro.
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